Un payaso juega con mi alma.En este mismo instante, el circo, de todo lo vivido,
cambia el destino, exhibe el círculo de sus caballos cabizbajos,
las domadoras de los terribles sentimientos,
las aflicciones que fingen el equilibrio entre los días imposibles,
melodías venidas de una guitarra rota.
Rehúso el espectáculo, pues es teatro de un extraño.
Lo desconozco aunque respira mi propio aire {el único aire que poseo del mundo} y
camina con mis piernas y abraza con mis abrazos, sin olvidar los invisibles cuerpos del amor.
Bien, es mi turno. Mi acto consiste en un salto profundo al interior de mí mismo {puños apretados, parpados apretados}, buscando vías desconocidas y el horizonte donde mi distancia va con mi piel,
la piel de un ser humano que ve la tierra desde la tierra.
La violencia destruye mi mirada. Tomo ahora el trapecio.
Daré un salto mortal, el triple salto que me conduce a ninguna parte y en dirección de nadie.
Caigo perfecto, pero si observan bien, todo dentro de mí es
polvareda de sueños, una estatua en dos pies que no
sobrevivirá a una próxima desilusión.
-Eleazar León.
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